La placenta se crea al originarse el embrión. A los siete días de la fecundación, el ovario fecundado anida en la pared del útero, y durante la segunda semana sus células comienzan a diferenciarse; algunas de estas células serán parte del embrión y otras serán parte de la placenta y las membranas que la envuelven.
La placenta está ya formada a las ocho semanas de gestación y a los cuatro meses aproximadamente estarán ya desarrolladas todas sus funciones, las cuales continuarán en funcionamiento hasta que el embarazo finalice. En el momento del parto la placenta será expulsada luego de que el niño nazca.
La placenta es un órgano al cual le corresponde la función de nutrir al feto. Esta recibe sangre de la madre, filtra sus elementos nutritivos y los pasa al feto a través del cordón umbilical. En el interior del cordón hay dos arterias y una vena, las dos arterias llevan a la placenta la sangre del niño llena de desechos y pobre de oxígeno; mientras que la vena da al feto sangre oxigenada y llena de nutrientes que recoge de la placenta. La sangre de la madre y la del niño en ningún momento se juntan.
Este órgano actúa como barrera protectora contra todos los gérmenes y productos dañinos que puedan encontrarse en la sangre de la madre, sin embargo no puede proteger del alcohol, tabaco, drogas, o enfermedades como la toxoplasmosis y ciertos medicamentos que no se debe ingerir durante el embarazo.
Por otra parte la placenta a partir del tercer mes segrega hormonas que estimulan el crecimiento fetal, evita que el útero se contraiga antes de tiempo y prepara los pechos de la madre para el momento de la lactancia.