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09 enero, 2012

Cómo darles las medicinas

El rechazo infantil a los medicamentos es un clásico. ¿Hay que obligarles a la fuerza o existe algún truco para que se tomen los fármacos sin sufrir?

Un niño de uno o dos años es, por naturaleza, inquieto. Además, aún no puede entender lo importante que es para su bienestar que trague ese jarabe en el momento en que se lo pedimos, o que se deje embadurnar con esa pomada que huele tan raro.

Otro factor a tener en cuenta es su condición de enfermos. Cuando un niño está enfermo lo exterioriza de diversas maneras, y esto incluye, a menudo, el rechazo sistemático a cualquier cosa que se le ofrezca. Tengámoslo en cuenta, pues, y seamos pacientes. Está claro que perder los nervios solo empeorará las cosas.

Gotas

Cómo poner gotas en los ojos a un niño

Antes de ponerle las gotas, se limpian los ojos del niño con dos gasas humedecidas con suero fisiolófico, una para cada ojo, para impedir que la infección pase de uno a otro.

Debemos ser precisos. Orientamos la cabecita del niño hacia arriba y, sujetándosela, dejamos caer la gota (evitando tocar el párpado o la pestaña con el dosificador para que no se produzcan infecciones) en el párpado inferior.

Si el niño no quiere abrir los ojos, podemos mantener el párpado superior abierto con el pulgar de la mano que sujeta la cabeza mientras le ponemos la medicina con la otra. Hay que asegurarse de que ha entrado.

Si el niño se empeña en cerrar los ojos con fuerza, hay un truco que recomiendan algunos pediatras: aplicar la gota en el lagrimal y sujetarle la cabecita para que la medicina entre en el ojo cuando lo abra, pero es más difícil controlar la dosis.

Cómo poner gotas en los oídos a un niño

Primero tumbamos al niño de lado. Tiramos de su oreja ligeramente hacia atrás y echamos el número exacto de gotas aconsejado.

Intentemos entretener al niño en esa postura hasta que estemos seguros de que las gotas han entrado en el oído.

Un buen truco para que no se sobresalte al sentir cómo las gotas caen en su oído es calentar antes el frasco frotándolo con nuestras manos. El líquido caliente se nota menos.

Cómo administrar gotas vía oral a un niño

Las gotas orales son las más fáciles de administrar. Si es posible, hagamos que el niño las tome todas de una vez en una cuchara.

Si escupe su contenido, el cuentagotas será mejor opción. Al caer directamente en su garganta, solo podrá tragárselas.

Para evitar infecciones, las gotas están esterilizadas hasta el momento de abrirlas. Una vez acabado el tratamiento, hay que deshacerse de ellas (podemos dejarlas en la farmacia más cercana).

Jarabe

Si vamos a dar el jarabe con jeringuilla a nuestro hijo, podemos tomarlo en brazos como si fuéramos a darle el biberón.

Entonces, inclinamos su cabecita hacia el pecho y le metemos la punta de la jeringuilla a un lado de la boca.

Al mismo tiempo, podemos mecerlo, como hacíamos cuando era más chiquito. Si usamos la cuchara, no olvidemos sujetar la mano libre del niño. Después, bajamos ligeramente su barbilla, introducimos suavemente la cuchara sobre el labio inferior y volcamos poco a poco el jarabe.

Supositorios

Cada vez se recetan menos, ya que según los espcialistas la medicina se reabsorbe mejor oralmente y, además, no irrita el culito del niño. No obstante, hay casos en los que el supositorio puede ser la mejor opción (por ejemplo, cuando el niño se niega en redondo a beberse el jarabe o a tomarse la pastilla).

Cómo administrarlos

Para facilitar su aplicación, podemos impregnar el supositorio con algún lubricante como vaselina o aceite de oliva. Entrará con más facilidad y le resultará menos molesto.

Pomada

Se utilizan a menudo para tratar los problemas cutáneos y su poder curativo es indudable, pero hay que tener cuidado con ellas. La piel de un niño de esta edad es mucho más delicada que la de un adulto. Y algunas pomadas contienen, por ejemplo, antibióticos o corticoides de diferentes potencias (de débil a muy alta). Por ello, es el pediatra o el dermatólogo, quienes deben decidir cuál es el producto más adecuado y en qué dosis.

Cómo administrarla

En las farmacias sabrán aconsejarnos sobre las llamadas pomadas preventivas. Suelen ser pastas al agua, muy suaves, que podremos usar normalmente salvo contraindicación del médico. Pero tengamos cuidado con las heridas y arañazos. Su contacto con una pomada podría provocar alguna alergia en la delicada piel del bebé.

Si la aplicamos sobre la cara evitemos el contacto con las mucosas, los ojos y la boca.

Pastillas

Las pastillas infantiles cada vez se utilizan menos, en beneficio de las medicinas líquidas, cuya administración en niños pequeños suele ser más sencilla. Ojo con dejarlas a su alcance, pueden confundirlas con caramelos.

Cómo administrarlas

Conviene machacarlas en una cuchara y mezclarlas con unas gotas de agua. Será mejor que echárselas en el biberón: si no lo termina nunca sabremos con seguridad si ha asimilado toda la dosis. Además, corremos el riesgo de que termine asociando el biberón con el sabor a medicina de la pastilla, y acabe aborreciendo la leche.