Algunas personas eligieron el nombre de sus hijos muchos años antes de que nazcan, y muchas otras no se deciden faltando poco para que nazca. Por ello, veamos algunas sugerencias que faciliten la difícil tarea de elegir el nombre del bebé.
Los libros con el significado de los nombres son una gran opción. Además de que nos da ideas, saber el significado de un nombre es una buena forma de definir si estamos indecisos entre algunas alternativas. En Internet hay muchísimos sitios de iguales características.
Es mejor evitar caer en nombres que están muy de moda o que son muy extraños. Más allá de que haya una intención de ser originales, será el niño el que cargue con ese nombre toda la vida, y hasta puede influir en su personalidad. El nombre lo acompañará para siempre: procuremos que se sienta a gusto con él.
Esto no es una regla fija, pero con apellidos largos quedan muy bien los nombres cortos, y con apellidos cortos, los nombres largos.
Algunas cosas a evitar es que el nombre rime con el apellido, que suene demasiado cacofónico (repetición de la “r” por ejemplo) y menos aún que se copie del apellido (ej: Fernando Fernández).
Hacemos bien en escribir el nombre junto con el apellido y repetirlo en voz alta muchas veces, para asegurarnos de que suena bien.
No es mala idea tener una opción “B”, es decir, un par de nombres para cuando nazca el niño. Puede que al verlo, nos sugiera escoger entre uno u otro, cuando ya lo hayamos conocido.
