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21 noviembre, 2008

Las madres jóvenes, tiene mayor riesgo a la depresión.

Las mujeres que se convierten en madres adolescentes, así como a los 20 años de edad, tienen más probabilidades de sufrir depresión durante el embarazo, que las madres de más edad, dicen investigadores del Reino Unido.
Un año de estudio de 176 familias encontraron los niños nacidos de mujeres con edades de 16 a 22 años, tienen más probabilidades a padecer problemas emocionales, así como una media inferior del cociente intelectual.

El gobierno dijo que estaban proporcionando apoyo adicional para los padres vulnerables, en el sur de Londres el Estudio para el Desarrollo del Niño 1986, se evaluó cuando las madres estaban embarazadas de su primer hijo.

Durante el estudio las madres y los niños se sometieron a exámenes psiquiátricos y pruebas de IQ cuya información también se incluye las pruebas de la escuela.

Se encontró que 41,9% de adolescentes padecían depresión prenatal, en comparación con el 35,7% las madres en sus primeros años 20 y el 18% de las mujeres en el grupo de edades comprendidas entre los 23 a 38.
La investigación también encontró 19,4% de los niños nacidos de madres adolescentes tiene un trastorno emocional a la edad de 11 años en comparación con el 23,2% de los niños nacidos de madres con 20 años y el 9% de los niños nacidos de madres mayores.

Vulnerabilidad:
“Los programas destinados a ayudar a las madres jóvenes tienen que ser multi-facético y se necesitan al comenzar y durante el embarazo, con el fin de abordar tanto las necesidades de las madres y como las del niño“.

Via: BBC

Una dieta alta en grasas en el embarazo programa la obesidad en los hijos

Son diversos los estudios que apuntan a que preferir alimentos ricos en grasas en el embarazo predispone a los hijos a preferirlos también después de nacer.

Cada vez es más evidente que los que comemos a lo largo de los meses de gestación influye directamente en la salud de nuestros hijos. En ese sentido, un experimento realizado con ratas por investigadores de la Universidad Rockefeller ha descubierto un dato que podría estar relacionado con el gran aumento de obesidad durante los últimos años.

La exposición a una dieta alta en grasas en el útero produce cambios en el cerebro del bebé que estimulan el apetito elevando el riesgo de que padezca obesidad en los primeros años de vida.

Consejos para comenzar la lactancia

Los especialistas aconsejan amamantar al niño en su primera hora de vida, para que madre e hijo establezcan comunicación y su primer contacto físico cuanto antes. Durante la lactancia, además de alimento, el bebé recibe amor y seguridad.

Conviene iniciar la lactancia a solas o en compañía de una persona cercana que nos haga sentir cómodas, o bien con el apoyo de una experta en lactancia, como la matrona o la enfermera, habituada a apoyar a las madres que empiezan a dar el pecho.

Un buen inicio

  • No hay que tener prisa. Algunos bebés se enganchan rápidamente, pero otros necesitan su tiempo. A veces es bueno respirar hondo y disfrutar del contacto con el niño. Él se irá acercando, ofateando el pezón y chupando guiado por su instinto.
  • Es importante colocarse en una posición cómoda, ya sea tumbada en la cama o sentada, con la espalda bien apoyada y el pie un poco elevado sobre un taburete bajo.
Lactancia paso a paso

1. Coge al bebé en brazos y aproxímalo al pecho de forma que su tripa toque la tuya
(ombligo con ombligo). La cabeza del niño debe descansar entre el codo y la muñeca. Así, la mano del brazo sobre el que reposa sujeta el culito y puede ayudar a mantener o cambiar su postura.

2. Con la mano que queda libre, coge un pecho e introdúcelo en la boca del bebé. Comprueba que queda dentro todo el pezón y gran parte de la areola (la lengua debe quedar debajo de ésta).

3. Una vez que el bebé empiece a mamar, hay que dejar de apretar el pecho,
de lo contrario podríamos sacar el pezón de su boca y hacer que succione únicamente la punta. Puedes sujetar un poco el pecho con la mano para estar más cómoda.

La postura del bebé

Mientras mama, el bebé está bien colocado cuando:

  • No se ve el pezón y tampoco la mayor parte de areola, sobre todo la parte inferior.
  • Los labios del bebé están vueltos hacia fuera, especialmente el inferior, que está tan doblado que llega a tocar su barbilla.
  • El pequeño succiona tranquila y rítmicamente, se ve cómo mueve la mandíbula y el movimiento llega hasta su oreja.
  • No se oyen chasquidos, ni se le escapa el aire, y la succión no es dolorosa.
Lactancia sin horarios

El niño decide cuánto dura cada toma y el tiempo que pasa entre una y otra. Solamente él sabe cuándo tiene hambre. Y también cuánta: se soltará solito cuando no quiera más.

Consejos para las primeras tomas

  • Cuando la posición es correcta, se puede dejar al pequeñín todo el tiempo que quiera.
  • Cuanto más succione, más estimulará la producción de leche.
  • Las primeras tomas son a veces un poco anárquicas, pero luego, los bebés suelen soltar el pecho cuando no quieren más.
  • Cuando ya tienen suficiente leche, a menudo lo dejan con expresión satisfecha de sentirse saciados. A partir del mes y medio o de los dos meses lo agradecen con una sonrisa.
  • Conviene ofrecer el pecho al bebé cada vez que se despierte o emita sonidos, sin esperar a que llore porque es un signo tardío de hambre y de que tiene poca glucosa en el cerebro.
  • Amamantar acostada es cómodo por la noche. A veces, por una descarga hormonal de prolactina, a la madre la invade un sueño irresistible, necesario para su descanso y se queda dormida durante la toma. No pasa nada por compartir un rato la cama con el bebé.



13 noviembre, 2008

Niños: Empezar a cumplir las normas

Hasta ahora, nuestros hijos eran libres de cumplir ciertas normas sociales: podían comer con las manos, bajarse los pantalones, tirarse pedos... Pero cuando se hacen mayores estas reacciones nos parecen los primeros síntomas de un niño maleducado. Es el momento de aprender algunas reglas. Entonces nos entra la prisa y queremos que respete todas las normas de una vez. O no hacemos nada y seguimos riéndole los pedos hasta los diez años, cuando la cosa tendrá difícil solución. Ninguno de estos dos extremos es bueno.

Hay un momento para cada cosa, y está claro que no podemos obligarle a usar el baño antes de controlar esfínteres, ni a utilizar los cubiertos antes de tiempo. Tenemos que esperar a que afiance sus habilidades y entonces, poco a poco, enseñarle a respetar las reglas para que sea un niño adaptado. Pero, ¿qué reglas están listos para respetar? Analizamos algunas situaciones delicadas y vemos si ha llegado el momento de introducir la disciplina.

Servirse primero (...el trozo más grande)

Los adultos charlan en torno a una mesa de café y esperan que alguien coja el primer pastelito de la bandeja. Pero no hay que esperar más, para eso está nuestro hijo de tres años y medio. En cuanto divisa los dulces se lanza coger el más grande y codiciado. O peor aún, lo coge y, tras darle dos mordiscos estratégicos, lo deja de nuevo en la bandeja para coger otro.

Hay muchas variantes, pero cualquiera de ellas produce mucho bochorno, por más que los asistentes se empeñen en reír y quitarle importancia al asunto.

Qué hacer

  • En el momento nos saldrá decirle: "¡Eso no está bien!". Aunque es importante dejar claro que las cosas no se hacen así habra que explicarle cómo se hacen.
  • Después, tenemos que revisar cómo es nuestro comportamiento en casa. ¿Le servimos siempre el primero? ¿Le damos el mejor filete o el dulce más grande? Entonces no podemos esperar que él aprenda a respetar los turnos, a elegir moderadamente o a dejar "el de la vergüenza".
  • Tiene que empezar a conocer las reglas sociales, que tienen mucho que ver con respetar y ponerse en el lugar de los demás. Tenemos que enseñarle que hay que esperar turnos y que no puede elegir siempre el más grande porque es de "mala educación". Además, en casa habrá que tratarle como a uno más.
Pipí, ¿en cualquier parte?

"Estábamos con en una terraza de verano y nuestro hijo se bajó los pantalones y se puso a hacer pipí en un árbol. Pero el árbol estaba junto a otra mesa en la que comía una familia", cuenta Claudia.

Sintió vergüenza y regañó a Gustavo delante de la familia afectada. El niño se sintió confundido cuando su madre le regañó. ¿No habían quedado en que era bueno regar los árboles?

Qué hacer
  • A los tres años aún no suelen sentir pudor por bajarse los pantalones. A los cuatro, su propia vergüenza les impedirá acercarse mucho a los demás.
  • Desde que empiezan a controlar los esfínteres hay que enseñarles que no pueden hacer sus necesidades en cualquier parte.
Carreras por el hospital

Hay comportamientos que rebasan la educación y se convierten en cuestiones de respeto. Es el caso de las carreras por los pasillos de un hospital, una residencia de ancianos o una biblioteca.

Suelen ser lugares atractivos para correr, desde luego, una invitación al patinaje artístico. Pero la prohibición no es por gusto.

Qué hacer
  • Nuestro hijo ya entiende qué es un hospital y empieza a ser capaz de ponerse en el lugar del otro. En vez de prohibirle correr, responderá mejor si le explicaremos que estamos en un sitio donde las personas están enfermas y necesitan silencio.
  • Si las carreras son por los pasillos de un aeropuerto atestado de gente, el argumento será distinto: no debe correr porque se puede perder.
  • Y cuando veamos un pasillo por el que puede correr sin peligro... vía libre.
  • Explicarle la verdadera razón de nuestras prohibiciones es de vital importancia para su respuesta y su compromiso personal con las normas.
Pedos y eructos

Lo que de pequeños nos parece incluso saludable, nos resulta inadmisible en un adulto. Pedos y eructos son la cuestión más fisiológica, más tabú, más graciosa... y más desagradable cuando se hacen mayores.

Qué hacer

No hay nada como la naturalidad para tratar estas cuestiones. La solución es no cersurarlas pero tampoco hay que favorecerlas. Hay que explicarles claramente dónde pueden hacerlas y dónde no.

Comer con las manos

Estamos en la comida de Navidad y nos percatamos de que nuestro hijo de cuatro años está comiendo con las manos. Pero esa etapa ya ha pasado, y así se lo tenemos que transmitir.

Qué hacer
  • La primera frase que se nos viene a la cabeza es: "ya eres mayor para comer con las manos". El motivo y argumento en esta ocasión no son tanto los demás como él mismo, debemos animarle a no rendirse a la primera dificultad.
  • Pero no tenemos que censurarlo por sistema, ya que cuando se encuentra con dificultades que no puede resolver, recurre a las soluciones que tomaba cuando era más pequeño.
  • Si el motivo por el que vuelve a las manos es la impaciencia o dificultad para tolerar frustraciones (se le cae la comida con el tenedor), debemos animarle a seguir usando los cubiertos.
Quitarse la ropa

La madre de Marta, de tres años, ve a su hija corriendo por la casa de su amiga en calzoncillos. Cuando la regaña, ésta asegura enfadada que tiene "caló". Y sí hace calor, pero su comportamiento no es correcto.

Que hacer
  • Quizá en casa vaya en paños menores, o incluso desnuda. Pero ya es capaz de entender, si se lo explicamos con paciencia, que el mismo comportamiento no tiene por qué estar permitido en todos los sitios.
  • Parte de nuestra labor en esta época es enseñarle a diferenicar, con nuestro ejemplo y comentarios, lo apropiado e inapropiado de ciertas conductas, en función del lugar donde se encuentre.
Predicar con el ejemplo
  • El ejemplo es nuestra arma más valiosa. Los niños entienden lo que decimos, pero, sobre todo, aprenden de lo que hacemos. Si somos educacos ellos también lo serán.
  • Coherencia. No podemos regañarle por chupar el plato y reírnos cuando lo hace su primo. Es contraproducente y se sentirá desconcertado.
  • Repetición. Responder siempre de la misma manera, con la misma estructura si es posible; le ayudará a reconocer e interiorizar nuestras normas.
  • Paciencia. El aprendizaje de las normas es progresivo. Debemos plantearnos objetivos pequeños, y solo cuando ya domine una cosa, pasar a la siguiente.

La cafeína durante el embarazo, pueden afectar el desarrollo del feto.

El Dr Justin Konje y colegas de la Universidad de Leicester, así como colaboradores de la Universidad de Leeds, examinaron la asociación de la ingesta materna de cafeína y los niveles de cafeína sobre el metabolismo del peso al nacer.

A partir de dos grandes hospitales docentes en el Reino Unido entre septiembre de 2003 y junio de 2006 los autores evaluaron 2645 casos de bajo riesgo en mujeres embarazadas de media edad (30 años), que tenían entre 8-12 semanas de embarazo.

Se utilizó un instrumento de evaluación de la cafeína (CAT) para registrar la ingesta de cafeína de

El consumo de cafeína en cualquier momento durante el embarazo se asocia con un mayor riesgo de restricción del crecimiento fetal (bajo peso al nacer), de acuerdo a la investigación publicada en el British Medical Journal.

Aunque algunos estudios previos han demostrado también que además cualquier cantidad y tipo de ingesta de cafeína, té, cola, chocolate, cacao, y algunos medicamentos recetados, está vinculado con el relativamente lento crecimiento fetal.

todas las posibles fuentes de la dieta en las cuatro semanas antes y durante el embarazo, así como también se utilizó una muestra de saliva de prueba para calcular el metabolismo de la cafeína individual.

Los investigadores informan de que el promedio de la ingesta de cafeína durante el embarazo fue 159mg/día, mucho menor que el límite de 300mg/día recomendado por el gobierno del Reino Unido y la Food Standards Agency.

Curiosamente, el 62% de la cafeína se informó que provenía de té, siendo otras fuentes el café (14%), la cola (12%), el chocolate (8%) y los refrescos (2%).

La mayoría de los bebés que nacieron a término completo, con un promedio de peso al nacer 3450g (que es el Reino Unido alrededor de media), mientras que el 4% habían nacido prematuramente y el 0,7% fueron abortados tardíamente.

Via: SC.daily

La ropa del bebé: ¿cómo elegirla?

Antes de pensar en la estética, a la hora de escoger el vestuario de nuestro bebé debemos asegurarnos de que su ropa cumple tres requisitos: que sea cómoda, segura y práctica. Te ayudamos a elegir las prendas que formarán el armario de tu pequeño.

Los bebés no necesitan demasiada ropa porque se le quedará pequeña enseguida. Lo mejor es tener pocas prendas, pero de buena calidad y ¡de su talla! En cualquier caso, es mejor que le quede grande a pequeña, para que por lo menos el niño pueda moverse a sus anchas.

Tejidos

Elige los tejidos naturales
(algodón, lino, hilo, batista...), sobre todo para las prendas interiores. Su piel es muy delicada y necesita telas suaves. La ropa exterior puede llevar algo de mezcla (fibra y lana o fibra y algodón).

¿Cómo lavarla?

Tenemos que ser muy cuidadosos con la higiene del bebé, sobre todo los primeros meses, porque su sistema inmunológico aún no se ha formado. Pero eso no quiere decir que haya que caer en la exageración, especialmente cuando el bebé ya camina y se lo lleva todo a la boca.

Incluso antes de que gateen, sus prendas se pueden lavar con el resto si resisten el agua muy caliente, que elimina los gérmenes, y no se usan detergentes agresivos, lejías ni suavizantes que puedan irritar piel. Lo que sí conviene es aclararla dos veces para eliminar todos los restos químicos.

Fácil de poner

  • Debe ser cómoda para él y para nosotros: que pueda ponerse y quitarse con facilidad.
  • Los bodies y los petos tienen que tener un sistema de abertura con automáticos en la parte de abajo para poder cambiarle el pañal sin tener que quitarle toda la ropa.
  • Los cierres más cómodos son el velcro, los corchetes y los automáticos.
¿Qué le pongo para ir a la "guarde"?
  • Para ir a la guardería, lo mejor es vestir a tu bebé con prendas que le permitan libertad de movimientos y que sean fáciles de quitar y de poner (para facilitar los cambios de pañal).
  • Sirven los pantalones con cintura de goma o corchetes resistentes y los chándales.
  • También es importante que sea ropa resistente, lavable a máquina y que no necesite plancha, porque jugando se pondrán perdidos.
  • En algunas guarderías prohíben los petos.
Errores frecuentes
  • Aunque nos gusten mucho los lazos grandes y las florituras, el niño se puede enredar con ellos, por lo que no son nada recomendables.
  • Huyamos de los tejidos que tengan pelo o los de lana de mohair. Los niños lo chupan todo, sobre todo las mangas, y podrían comer algo de pelito.
  • Tampoco es muy aconsejable el punto calado, porque el pequeño podría meter los dedos por los huecos.

04 noviembre, 2008

Ha nacido el bebé: ¿por qué estoy triste?

Después de dar a luz, la preocupación por cuidar bien a nuestro bebé o el agobio por la falta de tiempo pueden producirnos tristeza y ansiedad. Justo cuando más felices deberíamos estar, nos ponemos melancólicas.

¿Seré buena madre? ¿Sabré cuidar a mi hijo? Estas son algunas preguntas que surgen a las madres tras la llegada del bebé y que pueden producirles anisedad y tristeza.

El malestar anímico después durante el posparto es algo muy común: muchas mujeres se sienten tristes y con ganas de llorar los primeros días después del parto. Se produce por las dificultades para adaptarse a un cambio tan grande como la llegada de un hijo.

Proceso de adaptación

  • Tristezas de la maternidad, así se define la depresión posparto leve. La Sociedad Española de Medicina General (SEMG) lo define como un trastorno transitorio que aparece entre dos y cuatro días después del parto y desaparece de forma espontánea y sin secuelas, en un periodo de dos semanas.
  • Sus síntomas predominantes son: ansiedad, insomnio, fatiga, irritabilidad, cefaleas, cambios del apetito y sentimiento de minusvalía. Sin embargo, no impiden el desarrollo de la actividad maternal.
  • Es un proceso mental y fisiológico de adaptación a la nueva situación. Por desgracia, esta idea no está muy difundida y muchas mujeres sienten culpa o vergüenza por estar tristes o desanimadas, cuando se supone que la vida les sonríe, y ocultan lo que les pasa.
  • Otras madres hablan de sus sentimientos solo para verlos minimizados o para que las culpabilicen.
Cambio de vida

La tristeza de la maternidad se justifica plenamente en un período tan agitado como el posparto. Solo hace falta repasar las circunstancias del posparto para entender que es lógico que nos sintamos ansiosas, fatigadas o insomnes:
  • Los cambios corporales son inmensos. Se reducen bruscamente los niveles hormonales; el útero pasa de pesar 1 kilo a 70 ó 100 gramos; el sitio placentario tarda hasta 6 semanas en cicatrizar; se regenera el tejido que cubre internamente el útero, y el tracto urinario tarda 2 ó 3 semanas en normalizarse.
  • Se altera el ritmo del sueño, que ya no es regular y mantenido. Ahora depende de las necesidades del bebé.
  • El estilo de vida da un giro de 180º. Entre la teta, los pañales, los cólicos y los mimos no hay tiempo ni para bañarse.
  • Empieza una nueva relación con el bebé que, tras nueve meses de pertenecernos en exlcusiva, se ha integrado al mundo. Ahora hay que compartirlo y no solo responder sino también adivinar sus necesidades. Es un amor lleno de responsabilidad.
  • También están las circunstancias singulares de cada mamá, como un parto difícil, falta de confianza en ella misma para cuidar a su niño, poco apoyo de la pareja...
¿Qué pasa con las hormonas?
  • Muchos especialistas atribuyen este estado a los cambios hormonales propios del posparto.
  • Pero, aunque los niveles de estrógenos y otras hormonas que afectan a las emociones se reducen notablemente en esta etapa, no se han hallado diferencias entre los niveles hormonales de las mujeres que padecen una depresión y los de las que no.
  • Es posible que algunas mujeres sean más sensibles que otras a esos cambios
Consejos para el posparto

Sabiendo que el posparto es una etapa complicada, debemos prepararnos bien para atravesarla:
  • La pareja es lo primero. El papá debe ser muy constiente de que en esta etapa deben predominar el cariño, la ternura y el deseo sobre todo lo demás. Él también está emocionalmente conmovido, pero debe proteger a su mujer recién parida. Hay que buscar tiempo para estar juntos en el hospital y en casa. También debe usar las vacaciones y todas las bajas que se puedan conseguir.
  • Evitar el asalto de gente. Las visitas pueden ser gratificantes pero son agotadoras y nos quitan un tiempo precioso de intimidad familiar justo cuando estamos conociendo a un nuevo miembro.
  • Buscar ayuda para las tareas cotidianas. Tener a nuestra madre en casa puede venir muy bien. Pero, en algunos casos se prolonga la sensación de puerperio y la mujer tarda más en tomar las riendas de la nueva situación. Todo depende de cómo sea la relación madre- hija. Lo que no tiene contraindicación es la asistenta, aunque sea un par de horitas al día.
  • Relacionarse con otras mamás en las mismas circunstancias, aunque sea por teléfono. El curso de preparación al parto es una ocasión perfecta para hacer amigas.
  • Contar con un profesional de nuestra confianza para consultarle dudas.

Música suave reduce el estrés, la ansiedad y la depresión durante el embarazo.

La músico terapia puede reducir el estrés psicológico entre las mujeres embarazadas, de acuerdo a la investigación que acaba de publicar en un especial complementario de la medicina alternativa de la terapia cuestión en la sede del Reino Unido Journal of Clinical Enfermería.

Investigadores de la Escuela de Enfermería de la Universidad Médica de Kaohsiung, Taiwán, asignados al azar 116 mujeres embarazadas a un grupo de música y 120 a un grupo de control.

El grupo de música mostró una reducción significativa en el estrés, la ansiedad y la depresión después de sólo dos semanas, con tres escalas de medición establecida”, dice el profesor Chung-Hey Chen, que se basa en la ahora National Cheng Kung Universidad.

“En comparación, el grupo de control demostró una reducción mucho menor en el estrés," mientras que en su ansiedad y depresión las puntuaciones mostraron poca o ninguna mejora.

“Las mujeres en el grupo de música también expresaron preferencias para el tipo de música que escuchaban, con canciones de cuna, sonidos de la naturaleza y sonidos de cristal más popular que la música clásica“.

Las mujeres que participaron en el estudio tenían una media de edad de 30 años, tenían entre 18 a 34 semanas de embarazo y esperan tener un parto vaginal sin complicaciones.

Los perfiles demográficos de los dos grupos fueron muy similares en lo que se refiere a factores como la educación, la ocupación, la clase social y la felicidad con su matrimonio.

Las mujeres que toman parte en el grupo de música se les dio copias de los CDs y pidió a escucharlas durante 30 minutos al día durante dos semanas.

A continuación, completó un diario diciendo que CD estaba escuchado y lo que estaban haciendo en ese momento.

La mayoría de ellos escuchado la música mientras estaban en reposo, a la hora de acostarse o la realización de tareas domésticas.

Via: SC.daily

Morder y chupar: una forma de descubrir el mundo

Los primeros meses los bebés lo chupan y lo muerden todo. Nosotros pensamos que lo hacen porque le están saliendo los dientes, pero lo que no sabemos es que cada vez que se llevan algo a la boca están explorando el mundo que les rodea.

En esta etapa, las sensaciones que obtienen a través de la boca les proporcionan una información más eficaz que cualquier otro sentido. Más adelante usarán los juguetes para jugar, pero, con esta edad, los utilizan para investigar y explorar. Y, no solo sus juguetes sino cualquier objeto que se encuentran: unas gafas, una silla o su propia mantita.

El pezón, la tetina, los dedos o la manta

Los bebés se empiezan a chupar el dedo en el útero. Al nacer, siguen con el pezón materno y la tetina. Después descubren sus dedos, la mantita o el puño de tela de su pijama... y así van aprendiendo que existen diferentes texturas, formas y sensaciones.

  • La boca es su principal ventana hacia el mundo exterior durante los primeros meses de vida ya que su lengua está dotada de muchas terminaciones nerviosas.
  • Al meterse los objetos en la boca, los bebés los muerden con las encías, los chupan y les dan vueltas con la lengua. Exploran e investigan cómo es el objeto de todas las maneras posibles a su alcance.
  • En estos primeros meses, el chupeteo tranquiliza a los bebés y les ayuda a descargar la tensión. Calmarse a sí mismos chupando es su primera muestra de independencia.
  • A los pocos meses ya son capaces de alcanzar los objetos deseados. Debemos andar con mil ojos para que los materiales que lo rodean sean aptos para su insaciable curiosidad bucal.
  • Hay que conseguir que su entorno sea un lugar seguro sin sabotear su afán investigador: debemos eliminar del suelo, de las estanterías bajas y de las mesitas cualquier objeto pequeño que el pequeño se pueda tragar.
  • Debemos ofrecerle juguetes de diferentes formas y texturas que se pueda meter en la boca sin peligro para chupar y disfrutar.
Reconocen las cosas por la boca

  • Los niños chupan objetos para aprender más sobre sus características físicas. A medida que van creciendo, varios factores de su desarrollo intervienen en el proceso: pueden coger lo que les interesa y llevárselo a la boca para un examen más minucioso.
  • Está demostrado que la boca es una fuente de conocimiento del bebé y que el examen oral aumenta su capacidad para reconocer formas visualmente. En varios experimentos se ha dado a chupar diferentes objetos a niños y se ha comprobado que cuando se les muestran imágenes reconocen los objetos que han tenido en la boca.
  • Alrededor de los seis o nueve meses, la investigación chupóptera les inspira a jugar con su voz. Sienten que pueden cambiar el medio gracias a sus ruidos y gestos, y esa exploración les estimula a hacer ruidos con el juguete dentro de la boca.
  • Al final del primer año, el bebé empezará a explorar los objetos de forma diferente. Le interesará más apilarlos y zarandearlos que chuparlos. No debes preocuparte, tu hijo estará aprendiendo a obtener información a través de sus otros sentidos.
Aprender a chupar

  • A los cuatro meses la boca del bebé empieza a desarrollarse para poder comer alimentos sólidos más adelante.
  • En esta etapa, el acto reflejo que poseemos para evitar asfixias les hace expulsar automáticamente cualquier objeto que toque la parte posterior de la lengua.
  • Aprender a chupar ayuda a que ese reflejo se mueva hacia atrás para que el pequeño pueda aceptar comida de diferentes texturas.
  • A los seis meses ya se le puede empezar a alimentar con cuchara sin que su lengua la rechace automáticamente.

No todo vale

Además de sus juguetes, el bebé suele meterse en la boca otros objetos que pueden parecer peligrosos. Pero, ¿realmente lo son?

Peluche. El peligro está si no está bien cosido o las piezas están un poco sueltas porque el niño puede atragantarse. Además, conviene lavarlos de vez en cuando con agua tibia y jabón neutro para mantenerlos limpios. Hay que aclararlos bien para que no queden restos de jabón.
Pelota. No debe ser más pequeña que una pelota de tenis para evitar que el niño se la meta entera en la boca. Debemos comprobar que es lo suficientemente blanda y que no se le cae la pintura porque nuestro pequeño la podría ingerir.
Esponja. Hay que vigilar que no contengan jabón y que no se desprendan trozos. La humedad que acumulan genera hongos, por lo que hay que cambiarlas y esterilizarlas cada cierto tiempo.
Móvil. Falta mucho por descubrir sobre los efectos de los teléfonos móviles en los humanos, pero por ahora sí sabemos que un bebé chupando un móvil saldrá menos perjudicado que el propio móvil.
Alfombras. Les encanta gatear por esa cosa peluda, pero el sabor de su textura no les suele agradar. Aunque no es posible ni recomendable tener la casa completamente esterilizada, conviene mantener las alfombras limpias y aspiradas, especialmente para que no oculten objetos pequeños que pueda tragarse el bebé.
Zapato. El cuero y el plástico son agradables masajeadores de encías, y aunque no sea el mejor juguete, no es terrible que muerda su propio zapatito siempre que lo limpiemos con jabón neutro y agua tibia. Lo que no es muy apropiado es que se lleve a la boca el zapato de su hermano mayor...
Papel. En la exploración bucal del bebé la peor parte se la suelen llevar los libros, revistas y periódicos. Aunque no están pensados pra ser chupados, la cantidad de tinta que pueden desprender, muy difícilmente intoxicará a un niño. El mayor riesgo radica en que el pequeño se atragante con un trozo de pap